No hay mal que dure 100 años. El camino hacia la superación de una pérdida.

1:28 Patricia Mora 0 Comments

LEÓN, María
No hay mal que dure 100 años. El camino hacia la superación de una pérdida.
1a. Ed., Editorial Época
México 2014
94 p.

Un libro pequeño, pero lleno de sabiduría. Te enseña a entender el concepto de pérdida en todos los ámbitos de tu vida. La descripción del proceso del duelo es precisa y cada etapa del mismo viene acompañada de consejos útiles para ayudarnos a vivir de manera sana nuestro duelo.


Cuando perdemos la salud, el trabajo,  estabilidad emocional, a un ser querido, inclusive cosas materiales; simplemente nos desequilibramos y nuestra vida se ve afectada, porque aunque suelen decirnos que nada es eterno en esta vida, cuesta trabajo aceptar la pérdida como un proceso de la vida misma. Gracias a este pequeño libro podrás reflexionar, llorar y aprender a identificar en qué etapa de tu duelo te encuentras. Podrás identificar si lo que sientes es normal o simplemente has perdido el control y vas camino a una depresión severa o bien te encuentras ya en ella. 

 Te comparto mi reseña a través del siguiente audio:



También te comparto algunos consejos útiles que te pueden ayudar en tu proceso de duelo:

1.- Habla con tu familia. Expresa lo que estás sintiendo, y escúchales, para que ellos puedan compartir su propio dolor. Evita el silencio.

2.- No descuides tu actividad cotidiana. La vida continúa allá afuera. Hay que trabajar, llevar a los niños a la escuela, pagar las cuentas, cocinar, ver clientes, en fin, lo que sea que hagas, debes seguirlo haciendo. Esto no sólo te ayudará a sentirte mejor y a pasar por las etapas del duelo, sino que te dará una sensación de normalidad y evitará que las responsabilidades se acumulen y te abrumen.
3.- No te aísles. Sal, ve con tus amigas o amigos, rodéate de la gente que te quiere. Encerrarse en la pena más de dos o tres días no le hace bien a nadie.

4.- Cuida tu salud. Duerme bien, come sanamente, haz ejercicio. No queremos que te enfermes, y esto puede suceder fácilmente en estos momentos, porque tu estado emocional hace que bajen tus defensas.

5.- Cuidado con las evasiones. Evita las drogas, el alcohol, el fumar demasiado o el comenzar a hacerlo. Aléjate de las pastillas a menos que estén controladas por un médico responsable. Este tipo de evasiones en realidad enmascara las penas, las hace más grandes y puede meterte en graves problemas.

6.- Llora. Todo lo que puedas. Si no puedes hacerlo, entonces escribe tus sentimientos. Es la mejor manera de sacar el dolor de tu sistema.

7.- No tomes decisiones importantes. Los cambios no son recomendables en un proceso de duelo. La muerte de tu ser querido es en sí un cambio mayor, y no es buena idea propiciar otros, como cambiarte de casa, o de ciudad, o de empleo. Ya podrás hacerlo cuando llegue la fase de recuperación y te sientas más segura y tranquila.

8.- No inicies nuevas relaciones sentimentales. Un clavo no siempre saca a otro. Si es tu cónyuge quien se fue, no te conviene comenzar a salir con otras personas en plan sentimental hasta que no te hayas recuperado completamente. La razón es sencilla: estarás vulnerable, emocionalmente inestable, en estado de confusión, y esa no es la mejor manera de entrar en una nueva relación.

9.- En cuanto a sus cosas, tenerlas cerca puede confortarte o angustiarte más. Lo mejor es guardarlas en cajas o disponer de ellas como mejor te convenga, reteniendo lo que desees conservar. Pero no lo hagas antes de la fase cuatro.

10.- Ten paciencia. Sobre todo, contigo. Es normal que al estar en esa situación emocional, tus niveles de tolerancia se reduzcan.

11.- Perdona. Quizá tengas resentimientos con quien se fue, o quizá contigo por no haber evitado su muerte, o con tu cónyuge, si fue un hijo quien falleció. Abre tu alma y perdona. Te sentirás mucho mejor.

12.- Déjale ir. No te aferres a su recuerdo, no celebres su cumpleaños, no vayas a cenar a solas en el aniversario de bodas, ni dejes la casa tal y como si algún día fuera a regresar. No lo hará. Está viviendo en otro plano, ocupando, eso sí, su sitio especial en tu corazón. Enmarca los bellos recuerdos, haz a un lado los malos, cuelga ese bello cuadro en tu alma y sigue tu camino. Conviértele en uno de tus ángeles, pero cobra conciencia de que ya no está físicamente en tu vida.

En este libro además, aprenderás a identificar los mecanismos de defensa que se utilizamos para no afrontar una pérdida. La vida no es negra ni blanca. Es de colores y matices. Tiene sus propios retos y caprichos. Es una experiencia continua, un aprendizaje constante. Es un largo proceso de ajuste, de prueba y error. De pérdida y recuperación. Y cada pérdida es una oportunidad única para medir tus fuerzas y darte cuenta de lo que eres capaz. Porque en medio del dolor, del coraje, del sentimiento de impotencia, es posible estar bien contigo y con el mundo. Si logras encontrar la armonía entre lo que piensas, lo que dices y lo que haces, si estás seguro o segura de ti y de lo que puedas lograr, entonces habrás encontrado la paz y recuperado el equilibrio, y no habrá pérdida en el mundo, por más devastadora que sea, que pueda afectar tu capacidad para ser feliz.

Espero te sea de gran ayuda este pequeño libro.

¡Felices lecturas!

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